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Comunidad en Ciencia: Primer taller de introducción a los desafíos locales de la adaptación al cambio climático en El Chaltén, Patagonia Austral

Por Natali Ormazábal, El Chaltén.



Un domingo otoñal de lluvia en el Chaltén, afuera hay “pesto” como le dicen por aquí, una combinación de viento, lluvia y frío.


Los días se acortan y se va poniendo fresco. Eran las seis de la tarde. Estábamos en una sala del Hotel Chaltén Suites formando parte de un encuentro entre vecinos de la localidad y una científica investigadora y amante de los glaciares, para dialogar sobre el rol de los glaciares en la vida de una comunidad y su comportamiento ante el cambio climático.


La asociación Boana, quien actúa en Chaltén desde su creación, aborda temas de gestión participativa del agua, el monitoreo comunitario de los ecosistemas, y la adaptación al cambio climático en zonas montañosas. Y en esta oportunidad llevó a cabo una jornada de “Ciencias de la criosfera y adaptación del cambio climático” con la presencia de la Dra. en glaciología y geomática andina, actualmente Presidenta del Grupo de Trabajo “Monitoreo Ambiental y de Infraestructura” de la Comisión Técnica II, de la Sociedad Internacional de Fotogrametría y Sensoramiento Remoto (ISPRS): Gabriela Lenzano. 



Un encuentro en el cruce entre ciencia, ciudadanía y activismo  


Marie Anière, co-fundadora de Boana, comenzó con la presentación del taller pasadas las 6.10h de la tarde. Éramos más de 30 personas presentes. Dió un recorrido sobre adaptación al cambio climático, horizonte de planificación y decisiones políticas e introdujo los conceptos de vulnerabilidad e impacto. Y finalmente compartió 3 planes de adaptación que se realizaron en Europa.


El objetivo de este encuentro era iniciar un primer diagnóstico de vulnerabilidad participativo con la comunidad para la adaptación al cambio climático.


Un desafío mundial que supone intercambios de saberes


El pasado julio del año 2023 se registró el mes más caluroso de la historia documentada de la tierra. También, en ese mismo año, fue declarada la “era de ebullición global” por la ONU; y, situándose Chaltén dentro de un área protegida, dentro del Parque Nacional Los Glaciares, en donde los glaciares retroceden cada año, fue oportuno generar este diálogo abierto. Asi es como se creó un espacio de conexión entre las investigaciones de una glacióloga y las observaciones de los vecinos que viven al pie de los circos de glaciares colgantes de la zona norte del parque, y al lado del lago más profundo de Sudamérica, el Lago Viedma.


Gabriela Lenzano viajó desde Mendoza a El Chaltén invitada por Boana, y gracias al apoyo de la IACS (International Association of Cryospheric Sciences) / IUGG, para iniciar un diálogo local sobre la necesidad de adaptarse al cambio climático, haciendo hincapié en los resultados de las investigaciones realizadas por IANIGLA, también miembro de la Asociación Internacional de Ciencias Criosféricas, sobre el comportamiento de los Glaciares Upsala, Perito Moreno y Viedma. 


“Los glaciares son termómetros de sensibilidad al cambio climático”, mencionó la investigadora, fuerte y claro, y la sala escuchaba en total silencio. Los mismos cumplen un rol de identidad para quienes habitan la región de El Chaltén, y a su vez desempeñan un papel fundamental como testigos de las condiciones medioambientales pasadas, presentes y futuras. Esta sensibilidad a los cambios ambientales está condicionada principalmente como consecuencia del cambio climático, agregaba.


Para fines del siglo XX la mitad de los glaciares de montaña del mundo habrán desaparecido si la temperatura aumenta de 1.5 grados de aquí a final del siglo, lo cual es un objetivo muy optimista a día de hoy.


El nivel medio del mar va aumentando debido a la contribución de los glaciares con su derretimiento, y esta tendencia se ha acelerado 2 veces más que en el siglo XX. Los impactos sobre algunos ecosistemas se acercan a la irreversibilidad, comentaba después.


Un momento interesante y de alarma se generó ante las proyecciones de dos secuencias (imagen abajo) sobre cámaras instaladas en los glaciares Viedma y Perito Moreno, en los que puede observarse el movimiento y oscilación de los glaciares. Y el que más llamó la atención fue el fuerte retroceso frontal registrado del Glaciar Viedma en los años 2014 a 2016, para el cual se observa la gran cantidad de masa de hielo que se desprendió. Por lo que, la interacción del mismo con el agua acelera su retroceso de forma considerable. 


El Glaciar Perito Moreno, por 100 años osciló, avanzó y retrocedió; actualmente está debilitado en sus márgenes y también sufre de vulnerabilidad climática. El glaciar Viedma, es una gran masa de hielo que ha experimentado desde el año 2014 a la fecha una pérdida de 5,5 km2 de superficie de hielo con un retroceso frontal de 2 km aproximadamente, y cuya profundidad del lago cerca del frente del glaciar es de 900 m. Se han registrado velocidades frontales de 3.5 m por día. Por ende, entre los presentes imaginamos el fiordo que quedaría expuesto cuando el Glaciar en cuestión siga retrocediendo. Algo lejos y fuerte de imaginar pero que a su vez está ahí, sucediendo de a poco.


Entre los datos compartidos por Gabriela, se muestra que entre 1978-2018 se registró una pérdida de hielo en 28 glaciares que integran el Parque Nacional de los Glaciares de −1.44 ± 0.15 m a−1 w. e. Según escenarios futuros si se logra reducir severamente las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2100, aun así 20% de los glaciares desaparecerían en la Patagonia Austral, por ende, los ecosistemas evidentemente van a cambiar. 


Actualmente se está trabajando en proyecciones futuras de la región. “Ante este escenario de incertidumbre, ¿qué laderas son más susceptibles o propensas a sufrir deslizamientos?”, nos invitó a preguntarnos conjuntamente.


El destino inminente del turismo glaciar


La modificación del paisaje por el cambio climático acrecienta la vulnerabilidad en los ecosistemas existentes y la población estable y transitoria, y en este marco se habló sobre el concepto de “Turismo glaciar” y su destino inminente. El desarrollo del turismo glaciar El Chaltén y El Calafate, que son los asentamientos de la región que desarrollan el turismo como base de su economía, debe convertirse en un actor social que debe formar parte de las acciones de adaptación. 


La importancia del saber local de la comunidad en la construcción del análisis de vulnerabilidad al cambio climático. 


Gabriela resaltó que son muy importantes las percepciones de las comunidades sobre los problemas ambientales y sociales, su nivel de organización y participación, y el tipo de actividades que desarrollan conjuntamente con el área protegida. Se hizo mención entonces del proyecto “Donde Nacen Las Aguas (DNLA)” el cual combina ciencia, gestión y participación comunitaria con el objetivo de desarrollar nuevas prácticas de conservación de los ecosistemas acuáticos de la Patagonia Austral.


Dentro de las acciones que podrían llevarse a cabo, Marie resaltó la importancia de conformar y consolidar mesas de trabajo para confeccionar un sistema de gestión local para ayudar a integrar los resultados del monitoreo de los sistemas físico y social a través de espacios comunitarios. Sería muy venturosa una integración de la ciencia, gestión y comunidad. 


Al finalizar la exposición, algunos participantes dispararon sus inquietudes sobre la profundidad del glaciar Viedma y su flotación; preguntando qué es lo que pasaría con el aumento de ese agua y cómo eso afecta el cauce de los ríos. Algunos guías de montaña compartieron imágenes tomadas por ellos sobre un cambio abrupto en el margen izquierdo del glaciar Viedma, es algo que vemos todos, que lo percibimos quienes vamos a esos lugares cada año, contaron; se trata de lagunas que se forma en los márgenes de los glaciares y depositan el agua sobre ellos, acelerando el proceso de retroceso. 


Surgieron también algunas propuestas, encadenado a lo anterior, se propuso que en el marco de ciencias participativas podría crearse una plataforma colaborativa con imágenes que vayan tomando los usuarios del parque. También se planteó sobre el proyecto de ley ómnibus de la gestión presidencial actual y de cómo al cambiar las reglas del juego, podría agravarse la realidad de los glaciares. 





Al cerrar el espacio un vecino pidió la voz y preguntó, mirándola a Gabriela: “¿Y qué necesitan ustedes, los investigadores, de la comunidad para llevar a cabo su trabajo?“ 


Estas inquietudes y su participación, demuestran el interés y el amor de los habitantes de Chaitén por contribuir a cuidar los glaciares, su hogar. Hecho que genera buenas expectativas para las interacciones para la adaptación que podrían suceder en adelante. 


Una turista estaba con sus hijos, dos niños. Se acercó antes de retirarse, agradeció la instancia y resaltó su importancia de estos espacios para las generaciones futuras. Fue un gesto bello que aportó también el clima armonioso de la jornada. 


Pasadas las 21 h finaliza el taller, afuera seguía el pesto. Esa combinación necesaria de viento, lluvia y frío, la precisa para que sigan existiendo los glaciares que quedan.


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