top of page

La firma isotópica del agua de El Chaltén: cómo funciona el sistema nivoglaciar y por qué necesita monitoreo continuo

  • hace 1 día
  • 9 min de lectura

Cada día, el río De Las Vueltas recibe agua de glaciares, arroyos y lagunas de toda la cuenca norte. Pero, ¿de dónde viene realmente cada gota que lo forma? En esa corriente conviven aguas de orígenes distintos: nieve acumulada en las alturas, hielo glaciar formado durante siglos, lluvia de la semana pasada, agua que permaneció un tiempo en una laguna bajo el sol patagónico. A simple vista es imposible distinguirlas. Pero el agua lleva una marca de su origen —y por primera vez, un estudio científico la leyó en la Zona Norte del Parque Nacional Los Glaciares.


El trabajo, coordinado entre el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, CONICET-UNMdP), el Instituto de Geología de Costas y del Cuaternario “Dr. Enrique Jorge Schnack” (IGCyC, UNMdP-CICPBA), la Administración de Parques Nacionales y la Asociación BOANA, relevó 81 sitios de muestreo a lo largo de aproximadamente 850 km² —desde la nieve superficial y el hielo glaciar hasta los arroyos, ríos, lagunas y el Lago Viedma— cubriendo un gradiente de altura entre los 252 y los 1.510 metros. Es la primera caracterización isotópica integral de este sistema, una de las reservas de agua dulce más importantes de la Patagonia austral.


El trabajo de campo se llevó a cabo entre 2021 y 2022, cuando se relevaron los 81 puntos de muestreo. El procesamiento de las muestras, los análisis de laboratorio y la interpretación de los datos demandaron un trabajo cuidadoso y sostenido, y recién ahora, en 2026, se cuenta con los resultados completos, que serán presentados en el XIII Congreso Argentino de Hidrogeología y IX Seminario Hispano-Latinoamericano sobre Temas Actuales de la Hidrología Subterránea. Ese recorrido —desde la campaña de campo para la recolección de las muestras, pasando por los análisis de laboratorio hasta la interpretación de los resultados— ilustra por qué la investigación científica lleva tiempo: cada etapa es necesaria para que las conclusiones sean robustas, reproducibles y confiables.

Lo que sigue es qué revela esa foto sobre cómo funciona el agua de El Chaltén, y por qué una sola foto —por más completa que sea— no alcanza.



Qué es la “firma” del agua


Aunque todas las moléculas de agua tienen la misma composición química (H₂O), no todas poseen exactamente la misma composición isotópica. Esto se debe a que los átomos de oxígeno (O) e hidrógeno (H) pueden presentarse en distintas variantes llamadas isótopos estables, que tienen el mismo comportamiento químico, pero una masa ligeramente diferente.

Como consecuencia, también existen moléculas de agua ligeramente más pesadas o más livianas, según los isótopos que contienen. En la naturaleza predominan ampliamente las moléculas más livianas, mientras que las más pesadas son mucho menos abundantes. Sin embargo, la proporción entre unas y otras cambia de manera predecible según los procesos que atraviesa el agua, como la evaporación, la condensación o la formación de nieve.

La lógica es simple: el agua que cae como nieve en alta montaña queda relativamente “empobrecida” en isótopos pesados, porque las moléculas de agua más pesadas tienden a condensarse y precipitar primero. En cambio, cuando el agua se evapora de una laguna, las moléculas más livianas escapan con mayor facilidad hacia la atmósfera. Como resultado, el agua que permanece en la laguna queda relativamente “enriquecida” en isótopos pesados. Así, cada tipo de agua deja una “firma isotópica” característica, medible en el laboratorio y expresada mediante los valores de δ¹⁸O y δ²H.

Conviene aclarar que, en este contexto, los términos “empobrecido” y “enriquecido” no se refieren a la calidad ni a la pureza del agua, sino a la proporción de isótopos pesados respecto de los livianos. Un agua empobrecida contiene una menor proporción de isótopos pesados y presenta valores de δ¹⁸O y δ²H más negativos; por el contrario, un agua enriquecida contiene una mayor proporción de esos isótopos pesados y presenta valores de δ¹⁸O y δ²H menos negativos. Es simplemente una forma de describir la composición isotópica del agua, que funciona como una huella de origen: la nieve de altura, con valores de δ¹⁸O cercanos a -22‰, es la más empobrecida del sistema, mientras que las lagunas, con valores de δ¹⁸O de hasta -5,6‰, son las más enriquecidas.

Esa firma funciona como un documento de identidad del agua: permite reconstruir de dónde proviene y qué procesos atravesó, sin necesidad de haber seguido físicamente su recorrido.



Un gradiente desde la nieve hasta los ríos y el lago


El primer hallazgo del estudio es que el sistema presenta un gradiente isotópico claro. La nieve superficial presenta la señal más empobrecida, con un valor promedio de δ¹⁸O de -22‰. El hielo glaciar aparece un escalón más arriba (δ¹⁸O = -15,5‰), seguido por los arroyos de deshielo (δ¹⁸O = -13,1‰). Los ríos se ubican en -14,3‰, y las lagunas alcanzan los valores más enriquecidos de todo el sistema, con un promedio de -11,7‰ y casos extremos de hasta -5,6‰ de δ¹⁸O.

Ese recorrido cuenta una historia: la composición isotópica del agua cambia a medida que baja de la montaña y transita por el sistema. Y detrás de todo ese gradiente hay un factor dominante. Las muestras mensuales de precipitación local, recogidas durante un año hidrológico completo, mostraron un rango amplio (-19‰ a -6,5‰) que abarca casi toda la variabilidad del resto de los ambientes. En otras palabras: la señal isotópica del sistema tiene su origen en la precipitación. Los glaciares almacenan y regulan, pero esa entrada atmosférica es la fuente primaria que alimenta nieve, hielo, ríos y lagunas.



El giro: el agua quieta es la que más cambia


Acá aparece el resultado más contraintuitivo. Uno esperaría que una laguna calma y cristalina fuera el agua más estable del sistema, y que el río revuelto, en movimiento constante, fuera el más variable. Los datos dicen exactamente lo contrario.

Los ríos son los ambientes más homogéneos de todo el sistema: apenas ±0,3‰ de variación entre 24 sitios distintos, distribuidos por toda la cuenca. Las lagunas, en cambio, son las más variables, con una dispersión diez veces mayor (±3,6‰).

La explicación está en los procesos que actúan sobre cada ambiente. El río presenta una señal isotópica más estable: su composición cambia poco entre los distintos sitios de muestreo porque integra múltiples aportes a escala de cuenca y, de esta manera, promedia las diferencias entre ellos. La laguna, en cambio, permanece más expuesta a procesos locales como la evaporación. El sol y el viento patagónico favorecen la evaporación de las moléculas más livianas y concentran relativamente las más pesadas.

Pero hay un matiz importante en este hallazgo: el tamaño importa. El Lago Viedma, a pesar de ser un cuerpo de agua léntico (quieto), presenta una señal isotópica estable (±0,7‰). Su gran volumen y profundidad reducen el efecto relativo de la evaporación que sí afecta a las lagunas someras y expuestas. No es “agua quieta versus agua en movimiento”: es la combinación de superficie expuesta, volumen y condiciones ambientales la que define cuánto puede transformarse la señal isotópica del agua.


No juzgar el agua por una sola medida


El estudio no se quedó solo en los isótopos estables de la molécula de agua: integró también variables fisicoquímicas y microbiológicas. Y de esa combinación surge una lección clave para la gestión del agua.

Algunos arroyos de alta montaña presentaron valores de conductividad eléctrica más elevados que el resto de los ecosistemas acuáticos —por encima de 350 µS/cm—, una medida relacionada con la cantidad de minerales disueltos en el agua (salinidad), pero no registraron presencia significativa de Escherichia coli (bacteria indicadora de contaminación fecal). Estos valores no necesariamente indican contaminación: en este caso, pueden explicarse por el contacto del agua con formaciones rocosas naturalmente mineralizadas que liberan sales. Si se evaluara el estado del agua únicamente a partir de la conductividad, estos ambientes podrían interpretarse erróneamente como problemáticos.

El caso inverso también es posible. Un agua puede presentar parámetros fisicoquímicos dentro de rangos esperados y, aun así, estar afectada por contaminación. Por eso es necesario combinar diferentes tipos de información: la firma isotópica permite conocer el origen y recorrido del agua, la conductividad aporta información sobre su mineralización y el análisis microbiológico permite detectar indicadores de contaminación biológica. Ninguna variable, por sí sola, cuenta la historia completa.


De la foto a la película: qué es una línea de base


Hasta acá, tenemos la foto del sistema hidrológico. Pero el verdadero valor de este trabajo no está solo en lo que revela hoy, sino en lo que permite construir hacia el futuro.

Lo que el estudio construyó se conoce como línea de base: la primera caracterización sistemática de un sistema, un punto de referencia desde el cual comparar los cambios que ocurran con el tiempo. En la gestión de recursos hídricos, contar con una línea de base permite identificar tendencias, evaluar alteraciones y reconocer posibles amenazas antes de que sus efectos sean irreversibles.

La idea es intuitiva: una sola foto no permite saber si algo está cambiando. Se necesitan varias mediciones a lo largo del tiempo para detectar tendencias. Sin una línea de base, cualquier cambio en el sistema resulta difícil de interpretar porque no existe un punto de comparación. Con ella, cada medición futura aporta una nueva pieza para reconstruir la historia del agua.


Ser Parque Nacional protege el paisaje, no necesariamente el agua


Existe un malentendido extendido: pensar que, por estar dentro de un Parque Nacional declarado Patrimonio Mundial, el agua ya está cuidada y vigilada. La realidad de la gestión de áreas protegidas es más compleja.

La investigación internacional muestra que el diseño y la gestión de la protección terrestre suelen ser inadecuados para los procesos propios de los ecosistemas de agua dulce. Más aún: muchos ecosistemas acuáticos dentro de áreas protegidas no están resguardados de los impactos que llegan desde aguas arriba. El agua cruza los límites del mapa —y los impactos también. Proteger el paisaje no equivale a monitorear el agua.

El propio estudio ofrece una prueba de concepto de por qué esto importa. Aguas abajo de la planta de tratamiento de efluentes de El Chaltén, sobre el río Fitz Roy, se registraron los valores más altos de E. coli de todo el sistema: 370 UFC/mL, junto con incrementos en la cuenca baja del río De Las Vueltas. Una sola campaña ya detectó una señal de impacto negativo cerca del ejido urbano, en una zona de creciente presión turística. Si una foto reveló esto, cabe imaginar lo que podría anticiparse con un monitoreo sostenido en el tiempo.


Por qué los isótopos, en particular, necesitan tiempo


Hay una razón por la que los isótopos ambientales son un parámetro especialmente valioso para el monitoreo de largo plazo. La temperatura, el pH o la conductividad describen el estado del agua en el momento de la medición. Los isótopos aportan una información diferente: conservan una señal relacionada con el origen del agua y con los procesos hidrológicos que atravesó. Son, en ese sentido, un parámetro con “memoria de origen”.

Y precisamente por eso, su valor se despliega en la comparación temporal. Si dentro de algunos años los ríos mostraran una firma isotópica más parecida a la de la precipitación reciente y menos a la del hielo glaciar, eso podría indicar un cambio en la contribución relativa de las distintas fuentes de agua. Una medición aislada no permite interpretar esa evolución. Una serie temporal, sí.

Conviene ser precisos: los isótopos por sí solos no definen fenómenos como el peak water —el punto a partir del cual el aporte de un glaciar en retroceso empieza a declinar—, que requiere modelos de balance de masa glaciar, series de caudal y datos climáticos. Los isótopos son una pieza más dentro de un sistema de monitoreo del agua más amplio, que combina trazadores naturales, mediciones del hielo y observaciones hidrológicas. Pero son una pieza que solo cobra pleno sentido cuando se sostiene en el tiempo.


Medir, comparar, corregir


Así se cuida un sistema que cambia: con lo que en gestión ambiental se llama manejo adaptativo, un proceso iterativo de monitoreo y evaluación que permite ajustar las decisiones a medida que los datos revelan hacia dónde va el sistema. Los sistemas nivoglaciares cambian lento y en silencio; muchas veces el daño se vuelve visible cuando ya ocurrió —a menos que se lo esté midiendo antes.

La primera foto de El Chaltén ya existe. Y se construyó de una manera poco común: el estudio fue una experiencia participativa inédita en el sistema de gestión de áreas protegidas de Argentina, con vecinos, montañistas y guardaparques recolectando muestras junto a los equipos científicos, y facilitando el acceso a sectores remotos.

Lo que sigue es sostener esa mirada en el tiempo. Porque el agua de este territorio —el agua que sostiene ecosistemas, que abastece al pueblo, que forma parte del paisaje que atrae a quienes vienen de todo el mundo— merece una película entera, no una sola foto. Y esa película, como la primera imagen, se construye mejor entre todos.



Agradecimientos

Agradecemos a la Asociación Amigos del Parque Nacional Los Glaciares por la compra de los materiales de muestreo, y al Puesto Sanitario de El Chaltén por el préstamo del uso del laboratorio del puesto.

La autora agradece la relectura y los aportes de Asunción Romanelli y Valeria Crosa.


Referencias

Romanelli, A., Quiroz Londoño, O. M., Martínez, L., Crosa, V., Aniere, M., Martínez, D. & Esquius, K. S. Isótopos estables del agua en ambientes acuáticos de montaña y glaciares del Parque Nacional Los Glaciares (Patrimonio Mundial UNESCO). IGCyC (UNMdP-CICPBA) / IIMyC (CONICET-UNMdP) / Administración de Parques Nacionales (APN) / Asociación BOANA.

Sobre gestión y monitoreo de agua en áreas protegidas:

●        Durable Freshwater Protection: A Framework for Establishing and Maintaining Long-Term Protection for Freshwater Ecosystems and the Values They Sustain. Sustainability, 2021.

●        From assessment to action: informing water resource management in protected areas amid global change. Frontiers in Water, 2025.

●        IUCN World Commission on Protected Areas — guía sobre protección de aguas continentales.

 
 
 

Boana Andorra

Sede social: Carrer Bearn, El Pas de la Casa

Principat d'Andorra

BOANA 2 blanco.png

Boana Francia

Sede social: Impasse du Peyrou, 0900 Foix

France

bottom of page